Sustentabilidad y Cultura

Sustentabilidad y Cultura

Considerando que se debe respetar la distribución cultural, existen varios desafíos para la sustentabilidad cultural. Uno de ellos es la generación de una sostenibilidad cultural con lo intercultural que considere las relaciones entre cultura y procesos de desarrollo económico que permitan fortalecer las instituciones políticas y económicas.

Para lograr lo anterior se debe respetar la voz y el desarrollo de la diversidad cultural, es decir, la demostración activa de saberes, patrimonio, prácticas, conocimientos y sensibilidades. Son los valores, los que mantienen vivas las raíces culturales, y al mismo tiempo son productoras de auténticas políticas democráticas las cuales están fundadas en compromisos enigmáticos de cooperación abierta, participativa y equitativa, en el discurso político y en la toma de decisiones.

Estos mismos valores enraizados culturalmente son hoy generadoras de economías de mercado como el trueque, constituidas por cooperativas locales que promueven una forma de vida equitativa y remuneradora.

Consientes que cada individuo, cuenta con el mismo derecho de disfrutar de la propiedad y de las ganancias de los productos de los cuales depende su medio de vida.

Esta forma de organización facilita a la sociedad a ser auto organizada y particularmente cooperativa, lo anterior no está muy alejado a lo que algún día realizó la civilización Azteca cuando se comercializaba en los tianguis por medio del trueque, y cuando las aldeas trabajaban en conjunto para cubrir sus propias necesidades. Es de tal manera que podemos decir que son los valores quienes determinan a la sociedad civil, al mismo tiempo manan de las personas hacia la cultura y, por ende, hacia las instituciones. El poder regresar a este tipo de economía sustentable no es hoy una utopía, es una realidad cada vez más cercana, por lo menos en gran parte de Latinoamérica.
Un reto más es lograr que la cultura sea la finalidad del desarrollo en tanto que implicar activamente a la cultura en los procesos de desarrollo socioeconómico, políticos y ecológicos, se traduciría en una relación con otras áreas de diferentes países que produciría una representación de la diversidad cultural en las políticas públicas.
Un objetivo que también debería de perseguir la sustentabilidad cultural es una redistribución cultural que posibilite la sostenibilidad cultural con la interculturalidad, la cual a su vez permita el fortalecimiento de la participación de la sociedad civil en el diseño y gestión de las políticas culturales en interacción con los Estados, las empresas privadas  y las organizaciones internacionales.
Para que estos retos dejen de serlo y se conviertan en una realidad hay mucho trabajo por delante. Al respecto es en la primera década del siglo XXI en la cual se viene dando una vinculación entre política, economía, cultura y ecología a partir de proyectos culturales enfocados al rescate ecológico derivado de los efectos colaterales de las propuestas sustentables y no sustentables de las grandes transnacionales y la complicidad de los gobiernos.
Podemos decir que, más allá de establecer un balance entre crecimiento económico y conservación de los recursos naturales, el desarrollo sustentable abre la posibilidad de movilizar el potencial de: i) los procesos ecológicos; ii) la innovación científico-tecnológica y, iii) la creatividad y participación social para construir los medios eco-tecnológicos de producción para un desarrollo igualitario, descentralizado, auto gestionado, ecológicamente equilibrado y sustentable, así como capaz de satisfacer las necesidades básicas de la población respetando su diversidad cultural y mejorando su calidad de vida. Se trata, como dice Leff (2005) de que el desarrollo sustentable suponga la transformación de los procesos productivos y de las relaciones de poder asociadas a una gestión participativa de los recursos ambientales.

 

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